Eran las 7 de la tarde, y la última visita que tenía concertada para esa semana. Había llegado el lunes por la mañana a Zaragoza, y la verdad es que el balance de la semana era mejor de lo previsto, teniendo en cuenta que había empezado la semana con mal pie, las dos primeras visitas no fueron bien. Estaba eufórico, no solo por las ventas, sino porque le había llamado su pequeña “papi, papi, mañana es la audición, ya me han dicho que salgo la primera ¿estarás aquí, verdad?”.

Estas palabras no dejaban de sonarle en la cabeza y no paraba de imaginar a su niña sentada frente al piano, tocando las partituras que tantas y tantas veces le había escuchado tocar. Estaba esplendida, en esta postura tan majestuosa y esas pequeñas manos que se movían con tanta soltura en las teclas del piano, ¡era tan pequeña!, le parecía un milagro el don que tenía su hija, siendo el sordo para la música, como siempre había sido.

Llegaba al hotel a las 8.30 de la tarde, y no sabía qué hacer estaba dudando entre quedarse a dormir y levantarse pronto o salir ya para casa. Estaba cansado, muy cansado, pero solo la imagen de su hija viéndolo cuando se levantase le hizo cambiar de opinión. ¡Saldría ahora mismo! , le quedaban 3 horas de coche, ¡pero qué era eso¡, valdría la pena, solo por ver la cara de su hija cuando se levantase.

Estaba metiendo la maleta en el maletero del coche cuando de repente, y sin venir a cuento, se le represento la imagen de la última campaña de la DGT, “ el CD más caro del mundo, las gafas más caras del mundo, el porro más caro del mundo…”, y por un momento su cerebro racional “pensó”, no sería mejor descansar, la verdad es que había sido una semana muy dura, y aún no se había acostumbrado a estar solo, dormía muy mal por la noches, se despertaba muchas veces, y le costaba infinito volver a dormir. Después de 5 noches se le notaba en la cara y en sus gestos, el cansancio era palpable. Pero de repente sintió la emoción en su estómago, “vio” la cara de su hija y la alegría de que su padre estuviese en la primera fila el día de su audición en el conservatorio de música. Todos los pensamientos fueron tumbados por la emoción que sintió en ese momento, y sin pensárselo dos veces, subió al coche y se puso el cinturón.

Hasta aquí hemos encontrado el sentido racional, y el emocional, y ha ganado como el 90% de las veces nuestra parte emocional, eso que nos mueve a hacer las cosas. Pero…. no hemos tenido en cuenta a un tercer cerebro, el reptiliano o rinencéfalo, la zona más primitiva de nuestro cerebro, el que nos ha ayudado a sobrevivir desde hace miles de años, una agregación de neuronas que es la continuación hacia arriba de la médula espinal y termina en el cerebelo, se ocupa de regular lo que necesitamos para sobrevivir y reproducirnos; funciones vitales básicas como el sueño, la respiración, el hambre, la sed, la circulación sanguínea, el metabolismo, los reflejos condicionados y el sexo, su manera de actuar es poco precisa y muy rápida. No acumula experiencia y por ello es incapaz de aprender…  y en cuando ya estaba casi en casa, cuando ya no le quedaban más que 30 minutos para ver a su pequeña….. éste tercer cerebro ajeno a los razonamientos y las emociones de nuestro protagonista, se abandonó inconscientemente al sueño. El final de esta historia, puedes escribirlo tú, si te apetece…

Tipos de Cerebros

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