Todos hemos crecido queriendo parecer algo, hemos sido educados para parecer simpático, parecer guapos, o incluso parecer feliz, aunque no lo fuésemos. Hemos crecido queriendo dar una apariencia que en muchas ocasiones no era más que una fachada con pintura acrílica, impermeable de dentro hacia fuera, sin demostrar a los demás que nos pasaba o que era lo que nos inquietaba en ese momento. Hemos vivido queriendo parecer muchas cosas, a veces por nuestros propios intereses, y otros por la educación que hemos recibido en nuestro entorno.

La frase hecha “ al mal tiempo, buena cara”, no ha sido más que eso, el aparentar que estamos bien, cuando por dentro estamos hechos trizas, el tener que sonreír para que los demás piensen que estamos bien, que somos fuertes ante la adversidad y que nada puede con nosotros. El “parecer que somos felices“ porque hemos crecido en una cultura  en donde no serlo, o más bien el no parecerlo, nos hace creer que somos unos fracasados, porque la obligación de todos no es ser feliz, sino mas bien parecerlo.

“Llega el Viernes por la noche, he ido a la peluquería, me pongo la camisa nueva que “parece” que me hace más delgada, me lo dijo mi amiga que me acompaño a comprarla,  y unos tacones que me sacan del 1.60 del que llevo huyendo toda mi vida, y quizá al chico del final de la barra, entre la luz tenue del local y el alcohol ingerido a altas horas de la noche, le “parezca” una tía “resultona” y lo suficientemente interesante para que se acerque a donde yo estoy. “Parece” que todo marcha, ¡pero que chasco!,  llegas a casa y aun sigues pareciendo mona, pero a la mañana siguiente esa apariencia se diluye por el sumidero de la ducha, y toda lo que “pareció” se fue. “

Hay gente que quiere “parecer” que habla bien, que controla el tema, lo importante es que “parezca” que sé, aunque para ello se haya pasado toda la noche memorizando su discurso… pero que triste, porque tal vez “pareció”.

Deberíamos  pasar al siguiente nivel, el “estar”, no solo es un nivel mas, sino que tiene más temporalidad, no “parezco guapa”, algo efímero, una ilusión que depende de la interpretación de la gente que tengo en frente a modo de espejo,  sino que” estoy guapa”, sin necesidad de tener un feedback en ocasiones no muy sincero. Cuantas veces nos hemos puesto o hemos hecho algo de lo que no estábamos del todo convencidos o con lo que no estábamos cómodos, porque alguien nos ha dicho “así pareces….”. Yo no quiero  “parecer preparada”, sino que “estoy preparada”, no es lo que los demás ven en mí, sino que es lo que yo siento sobre mí, no es un intento de agrado al exterior, sino más bien un esfuerzo de hablar desde mi “yo”.

Este sería un nivel intermedio, pero ya sería más que satisfactorio que estuviésemos en él, no parecer feliz , sino estar feliz, hace que exploremos nuestras necesidades, las escuchemos y nos pongamos en marcha para satisfacerlas. Hace que nos pongamos en movimiento, que escuchemos nuestras emociones, que son las que nos mueven, y salgamos de la razón que es el querer gustar a los demás, el querer parecer lo que los demás esperar de nosotros,  que saltemos de nuestra zona de confort, de esa zona en la que parecer hace que los demás se sientan bien, independientemente de cómo lo estemos nosotros.

Este ejercicio de acción, quizá nos haga sentir, escucharnos y  tomar conciencia de lo que tendría que ser, es decir, no solo parezco feliz, no solo estoy feliz, sino que SOY FELIZ.

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